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Harto de la publicidad de Windows y sus consecuencias…

No hace mucho un antiguo alumno del curso de técnico, Chema, me mandó un correo con un vínculo a un articulo de un tal Roberto Di Cosmo. El artículo habla de Windows ’95 por lo que se trata de un texto bastante antiguo, pero aún así creo que el tema que desarrolla sigue siendo actual (lamentablemente)

El articulo es apasionante, aunque, quizá, demasiado largo… Así que aquí os dejo un extracto (si alguien quiere verlo completo que visite el enlace que dejo al final hacia la fuente del mismo) Como podréis observar, aunque resumido, el texto es exactamente igual al del original, donde aparece […] es porque ha sido eliminado parte del texto.

Trampa en el Cyberespacio

Es […] difícil ignorar la omnipresente y extraña confusión que nos incita a pensar que el único tipo existente de ordenador es el PC, por supuesto equipado con un chip de Intel, y que en ese PC sólo puede haber un programa indispensable, Microsoft Windows.

Esto es todavía más curioso si consideramos que el fenómeno de servilismo intelectual ante estos dos gigantes americanos llega a su punto máximo justo en el momento en el cual los Estados Unidos parecen comenzar a despertarse de un largo sueño que ha permitido a estos gigantes adquirir una posición de monopolio prácticamente absoluta. Por el camino, ambas empresas han destruido un número impresionante de empresas cuyos productos eran de calidad muy superior (todo esto está muy bien documentado en numerosas obras) […]

[…] nuestro público está bien lejos del despertar: mecido por la suave voz del conformismo ambiental, se adormece aún más y más en los brazos de Microsoft. Nuestro público sueña con un mundo feliz, en el cual un gran filántropo distribuye a todos los estudiantes de Francia copias gratuitas de Windows 95 con la única finalidad de ayudarlos a recuperar su atraso tecnológico. Nuestro público sonríe al pensar en las pantallas azules llenas de mensajes tranquilizadores que explican cómo “el programa X ha provocado la excepción Y en el módulo Z”: fallo que por supuesto no ha sido culpa de Windows, sino del programa X. Nuestro público duerme feliz sin preguntarse por qué un ordenador mucho más potente que aquel que ha servido para enviar hombres a la luna — y que además los ha traído de vuelta vivos — no es capaz de manipular correctamente un documento de un centenar de páginas, cuando éste está equipado con ese Microsoft Office que hace tan felices a todos nuestros comentaristas.

Armario de cajones y lavado de cerebro

He tenido muchas ocasiones de medir personalmente la profundidad de este sueño hipnótico del cual he hablado anteriormente, pero la más graciosa es seguramente aquella que se me presentó hace algún tiempo durante un viaje en TGV. Las computadoras portátiles (esos embriones de computadoras que cuestan tanto como un coche pequeño, que se pueden guardar en un maletín y que sirven con mucha frecuencia para jugar al solitario) proliferan en estos tiempos casi tanto como los teléfonos móviles, sobre todo en los trenes y aviones. Pues bien, durante uno de mis viajes, me encontraba sentado al lado de un agradable señor, joven ejecutivo dinámico, que estaba ejecutando en su máquina el calamitoso (veremos por qué más adelante) programa DeFrag. Este programa muestra en la pantalla una hermosa matriz llena de pequeños cuadraditos de diferentes colores que se mueven en todos los sentidos mientras el disco trabaja intensamente. No pude resistir la tentación (espero que este señor no se ofenda si se reconoce en este artículo) y después de haberlo elogiado por su hermoso portátil, le pregunté, fingiendo la mayor ignorancia, qué era ese lindo programa que yo no tenía en mi portátil. Con un aire de superioridad mezclada con compasión ( “el pobre hombre no tiene mi super programa”), me respondió que ésta era una herramienta esencial que hay que lanzar cada cierto tiempo para hacer más rápida la máquina desfragmentando el disco. Continuó repitiéndome de memoria los argumentos que se encuentran en los manuales de Windows: cuánto más se utiliza el disco más se fragmenta y cuánto más se fragmenta, más lenta se vuelve la máquina; ésta es la razón por la cual él ejecuta concienzudamente DeFrag cada vez que puede. En ese momento saqué mi computadora portátil, que no utiliza Windows sino GNU/Linux (una versión libre, gratuita, abierta y muy eficaz de Unix, desarrollada por los esfuerzos comunitarios de millares de personas en Internet) y le dije, con una expresión muy sorprendida, que en mi portátil el disco está siempre muy poco fragmentado y cuanto más se utiliza menos se fragmenta.

Nuestro ejecutivo, ya menos cómodo, contestó que su portátil utilizaba la última versión de Windows 95 producida por la empresa más grande de software del mundo, y que yo seguramente me estaría equivocando en algún punto. Traté entonces de hacerle olvidar por un instante la propaganda que lo había intoxicado hasta ese momento, explicándole de manera muy simple el problema de la desfragmentación: voy a tratar de resumirles a ustedes una apacible conversación que duró una buena media hora.

Usted sabe seguramente que sus datos están guardados en “archivos” que son memorizados sobre el disco duro de la computadora. Este disco es como un gigantesco armario con cajones, cada cajón tiene la misma capacidad (típicamente 512 bytes) y cada disco contiene algunos millones de cajones. Si los datos que a usted le interesan son guardados en cajones contiguos se puede acceder a ellos más rápidamente que si estuvieran desparramados (a partir de ahora diremos fragmentados) dentro del armario. Esto no tiene nada de raro, es lo que nos pasa todos los días cuando hay que encontrar un par de calcetines: uno las encuentra mucho más rápido si ambas se encuentran en el mismo cajón. Estamos entonces de acuerdo en que es mejor un armario bien ordenado que uno desordenado. El problema reside en saber cómo hacer para conservar el armario ordenado cuando este se utiliza frecuentemente.

Imaginemos ahora un ministerio que guarda sus expedientes en un enorme armario con millones de cajones. […] Usted debe contratar una secretaria y tiene la opción de elegir entre dos candidatas con prácticas bastante diferentes: la primera, cuando un expediente debe eliminarse del archivo, se limita a vaciar los cajones, y cuando un nuevo expediente entra, lo separa en pequeños grupos de documentos de la medida de un cajón y archiva cada grupo al azar en el primer cajón vacío que encuentra en el armario. Cuando usted le señala que así va a ser muy difícil encontrar rápidamente todos los documentos que tienen que ver por ejemplo con el expediente del Crédit Lyonnais, ella responde que va a ser necesario contratar todos los fines de semana una docena de ayudantes para poner de nuevo todo en orden. La segunda candidata, al contrario que la primera, conserva sobre su escritorio una lista de cajones vacíos contiguos, la cual pone al día todas las veces que un expediente es cerrado y sacado de los cajones. Cuando entra un nuevo expediente, ella busca en su lista un conjunto de cajones vacíos contiguos de la medida necesaria, y es ahí donde coloca el nuevo expediente. Así, le explica ella, el armario permanecerá siempre bien ordenado, incluso aunque haya muchos movimientos de expedientes. No hay duda de que es la segunda secretaria la que debe ser contratada, y nuestro joven ejecutivo estuvo perfectamente de acuerdo.

En ese momento fue fácil hacerle entender que Windows 95 actuaba como la primera secretaria y necesitaba de ayudantes que ordenen el armario (el programa DeFrag), mientras que GNU/Linux actuaba como la buena secretaria y no necesitaba de nadie para ayudarla. Al llegar a la estación, nuestro gentil ejecutivo ya no estaba tan contento: le habían enseñado que DeFrag hace andar más rápido la máquina, pero habíamos visto juntos que en realidad es Windows quien la hace lenta!

Y todavía hay cosas mucho peores que DeFrag; desafortunadamente, no tenemos tiempo para contarles todas las pequeñas y sabrosas historias sobre el programa ScanDisk que se supone tiene que “reparar” los discos, pero que propone opciones incomprensibles cuyo resultado final es, la mayoría de las veces, la destrucción pura y simple de la estructura de los expedientes, aún cuando los datos podían haber sido recuperables antes de ejecutar este programa.

No solamente esto es imposible con Unix (a menos que el disco sea taladrado con una máquina), sino que las técnicas correctas de gestión de un disco son enseñadas en los primeros cursos de informática de la Universidad desde hace más de 10 años. (NOTA: recordad que habla de Windows ’95, ahora podríamos hablar de más de 25 años)

El impuesto a la información

[…] No se trata solamente de aceptar vivir con una mala tecnología ignorando que se podría tener algo mucho mejor: esto ya se ha producido varias veces, por ejemplo con el sistema de vídeo VHS que desplazó al Video 2000 y Betamax, que eran mucho mejores. Aquí se trata del hecho de que nuestros nuestros gobernantes hayan aceptado que el monopolio Microsoft-Intel adquiera un total dominio de la información. […] este monopolio (NOTA: se refiere al que ejercen Windows e Intel =Wintel) logra desde hace muchos años el cobro de una verdadera tasa monopolística, es decir, que explota la posibilidad que tiene un monopolio de vender a precios inflados, ejerciendo así un verdadero chantaje sobre los consumidores que se ven forzados a comprarle a él. Esta tasa es enorme, pero más grave aún, su importe sale del espacio europeo sin que nos demos cuenta, y no solamente no produce riqueza alguna sino que por el contrario la destruye […]

El carácter específico del software

Para comenzar a comprender porqué pagamos un impuesto invisible cada vez que compramos un PC o los programas Windows, hay que familiarizarse primero con una característica que distingue la informática de cualquier otro dominio tecnológico: el costo de la duplicación de productos. Una vez que un programa ha sido realizado, cosa que puede costar muy caro, se puede duplicar en un CD-Rom al costo de sólo algunos francos por copia, o se puede transmitirlo por la red a un costo que no cesa de reducirse, de manera totalmente independiente de la calidad y del costo de producción de la primera copia. Los únicos componentes cuyo costo no es infinitesimal son aquellos a los que llamamos “el soporte”: las miles de páginas del manual de papel, o las docenas de disquettes necesarios para archivar el software cuando no se dispone de lectores de CD-Rom. Pero los editores de programas, que tienen todo el interés en hacer desaparecer ese costo fijo, no tardaron mucho en ocuparse de ese tema: usted habrá remarcado que los PC que se venden en los supermercados vienen acompañados de programas pero prácticamente de ningún manual, salvo alguna breve nota explicativa […] Yo mismo pude constatar personalmente que una empresa japonesa muy conocida, cuyo nombre me reservo, vende computadoras portátiles de las más caras del mercado sin proveer siquiera un CD-Rom con los programas: todo está instalado en el disco duro, y para hacer una copia de seguridad todo depende de nosotros mismos, si queremos comprar los 40 disquettes necesarios y pasar un día entero jugando a ser un disk-jockey con la máquina. Podemos decir entonces que actualmente, con estas prácticas, el costo de copia de un programa esta prácticamente reducido a cero.

Una segunda característica esencial es el status legal de un programa: por varias razones, no tan extrañas si uno lo piensa detenidamente, el software, […] ,goza de la misma inmunidad que las obras de arte (de hecho, los industriales del software se llaman “editores”) Por ejemplo, no hay ninguna cláusula legal ni ninguna jurisprudencia que permita garantizar que el software haya de cumplir una determinada función, ni siquiera aquella para la cual usted lo ha comprado. Esta situación es razonable cuando se compra una novela o un cuadro […] pero deja de serlo cuando se aplica al software: usted no puede demandar a Microsoft legalmente ante la justicia por defecto de construcción, al haber descubierto que Windows 95 no está hecho con las mínimas prácticas establecidas de la ciencia informática; mientras que usted sí puede acusar a un fontanero o a un electricista por realizar una instalación que no está hecha conforme a las normas.

Lo peor es que no hay ninguna toma de responsabilidad por los daños que el software pueda producir. […] Pero es perfectamente inaceptable que usted se quede indefenso si pierde 200 Mb de datos comerciales muy valiosos de su disco duro a causa del vetusto sistema de archivos de Windows 95 […] Sobre todo sabiendo que podría probar muy fácilmente delante de un tribunal que los conocimientos técnicos necesarios para realizar un producto ampliamente superior, gracias al cual no hubiera perdido sus datos, son de dominio público desde los años 70, y que el código mismo que implementa estas técnicas en el Unix de AT&T ha sido comprada por Microsoft.

Finalmente, una consecuencia muy grave de esta impunidad es que el “editor” de software […] s libre de venderle a usted lo que a él le parezca, o mejor dicho, aquello que su departamento publicitario le haga creer que compra, sin ninguna obligación de resultados, y sin que usted tenga el menor recurso, aún en caso de mala fe manifiesta.

Los fabricantes atrapados en la trampa

La posición de monopolio de Microsoft le permite también desembarazarse con facilidad de las otras posibles fuentes de costo para la comercialización del software: la asistencia técnica y la distribución. Para la primera, podríamos imaginarnos que aunque el editor no esté legalmente obligado a ayudarle a instalar su software, se encontrará obligado a hacerlo para no perder los clientes. No se preocupe, Microsoft tiene la solución: es suficiente leer unas frases que se encuentran en la licencia de Windows 95 de la cual reproduzco aquí un extracto:

6. SOPORTE TÉCNICO. El soporte técnico para el PRODUCTO SOFTWARE no es proporcionado por Microsoft Corporation o sus subsidiarias. Para obtener soporte técnico, remítase al número de soporte del Fabricante de PC suministrado en la documentación para la computadora (ordenador). Si tiene dudas con respecto a este CLUF (“Contrato de Licencia para el Usuario Final”), o si desea comunicarse con el Fabricante de PC por cualquier otra razón, remítase a la dirección proporcionada en la documentación de la COMPUTADORA/ORDENADOR.

[…] Si Windows 95 no estuviera en posición de monopolio, los fabricantes de computadoras se librarían con mucho gusto de este tipo de acuerdos.

Para la distribución del software es la misma historia. De nuevo son los fabricantes, ensambladores y revendedores de computadoras los que pagan el costo: ellos deben preinstalar Windows 95 en las máquinas. […]

El país de los tecnocretinos no está muy lejos

[…] Hace dos años quise presentar a la UE una solicitud de financiación para la visita de un investigador inglés a nuestro laboratorio. Para eso busqué el formulario, y me dijeron que la manera más fácil de proceder era obtenerlo desde el servidor de Web http://www.cordis.lu de la comunidad europea, ya que el correo normal podía tardar algún tiempo considerable. Dí así con un documento que se llamaba machin.doc y que estaba escrito con Microsoft Word para Windows […] Así comenzó una verdadera batalla con la Lupa, donde al final salí vencedor pero agotado a eso de las 19 horas, con una versión del formulario rellenado, obtenido imprimiendo las páginas una a una y con manipulaciones complejas en cuyos detalles no entraré. Basta decir que me entraron muchísimas ganas de llevar esto ante la Justicia, pero sin muchas esperanzas de ganar. […]

Además, el formato de archivos cambia de versión en versión, de tal suerte que Word 5.0 no puede hacer nada con los archivos de Word 7.0, y peor aún, el Word 6.0 en Mac tiene problemas para leer archivos de Word para Windows. Hemos caído en la trampa! No es suficiente con comprar Microsoft Word una vez; deberemos pagar de nuevo cada versión, sólo para poder continuar leyendo los archivos nuevos de otros. Y si por azar habíamos comprado un producto complementario para la versión 5.0, por ejemplo un diccionario en español, habrá que comprar uno nuevo en la nueva versión; la vieja será “incompatible”, aún cuando el español no haya cambiado entretanto.

Prácticas dudosas

Resumiendo la técnica es simple: por un lado se hace caer a los consumidores en la trampa secuestrando su preciosa información en un formato propietario, el cual es constantemente “actualizado”. Debido a estas modificaciones, los usuarios se ven obligados a comprar cada 6 ó 12 meses una actualización de todas sus aplicaciones, tan sólo para poder continuar leyendo sus propios datos o acceder a información que (de manera innecesaria) es suministrada bajo este formato privado. Por otro lado, se entrampa a los competidores: no se les da la documentación [del sistema operativo] y se introducen variantes arbitrarias con la única meta de no permitir que los productos que ellos desarrollan funcionen correctamente […]

El resultado final de estas prácticas dudosas es simple: se impide que el usuario pueda elegir otra cosa que no sea un producto Microsoft. Junto con la reducción a cero de los costos y de los riesgos, tal cual como vimos anteriormente, esto permite al monopolio establecer un verdadero impuesto sobre la información, donde Microsoft es el único beneficiario.

ETC.

Recomiendo la lectura completa de dicho texto, además, dejo aquí clara la licencia de copyright del autor y el enlace a la página principal. No obstante, quiero dejar claro que no trabajo en Microsoft (leed el copyright) y que he preferido hacer un resumen, PERO RECOMIENDO LA LECTURA DEL DOCUMENTO COMPLETO EN EL ENLACE.

(C) Copyright Roberto Di Cosmo, 1997. Las opiniones vertidas en este artículo pertenecen únicamente a su autor, y no vinculan en modo alguno a la ENS, el DMI o el LIENS. Este texto está protegido por las leyes de la propiedad intelectual. Queda autorizada a todo individuo que no trabaje para Microsoft, ni para ninguna empresa con contratos de confidencialidad con Microsoft, la reproducción para uso personal y sin objeto de lucro de este artículo, con la condición de que sea reproducido integralmente, incluida esta nota de copyright. Microsoft y sus socios pueden solicitar al autor, si lo desean, una licencia individual de copia, a un precio de que será establecido por el autor; en caso de violación de esta claúsula, se solicitará una indemnización de 1 millón de francos franceses.

Fuente: http://www.dicosmo.org/Piege/trampas/

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